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PRESENTACIÓN
 

Los trabajos de los científicos sociales durante los últimos años constatan que nos encontramos ante cambios profundos y complejos que afectan a todos los órdenes de nuestra existencia. Son muchos los procesos y acontecimientos que registramos a fines del siglo que acaba de concluir y muchos son los grandes retos que nos plantea la nueva centuria, a los que debemos dar las correspondientes respuestas. Para la interpretación de esos cambios se están elaborando y divulgando diversos conceptos, entre los que destacan los de globalización y redes, dos palabras mágicas cargadas de connotaciones simbólicas e imperativas sobre la realidad, que se predican del mundo actual como características básicas y que, al mismo tiempo, prometen marcar los derroteros del planeta en los inicios del siglo XXI. Sin embargo, ni la comprensión de la realidad que representan estos conceptos es la única posible ni corresponde sólo a los científicos sociales el tratar de interpretar e intervenir sobre las transformaciones que acontecen en la sociedad contemporánea. También los poderes políticos y económicos, y las organizaciones de la sociedad civil o el denominado tercer sector, son conscientes de la diversidad, complejidad y profundidad de los procesos de cambio y procuran orientarlos en la dirección de sus propios intereses.

La reflexión y las prácticas de estos diversos actores han provocado la aparición de otros conceptos que revelan el rechazo a una concepción unidireccional de los cambios y muestran la convicción de que caben diferentes interpretaciones y orientaciones de los mismos. Así, junto al predominio en el ámbito académico y político de términos -más o menos ambiguos- como los mencionados de globalización y redes, o los de información y conocimiento, que se han constituido en referentes ineludibles para explicar la realidad presente, se aprecia un interés social creciente y paralelo por problemas relacionados con ideas como ciudadanía, democracia participativa, políticas públicas,inclusión / igualdad social, medio ambiente, multiculturalidad, desarrollo sostenible, economía ecológica, etc.

Pero por encima de la elaboración de una propuesta teórica distinta o de la delimitación de un área de disputa específico, lo que se aprecia en los síntomas de cambio de nuestras sociedades y en la forma de entenderlos por parte de algunos agentes sociales es la lucha por el reconocimiento político de la capacidad de reflexión y decisión de los ciudadanos. Junto a la concentración de poder económico y político se asiste a la demanda de una mayor participación en el análisis, la toma de decisiones y la planificación por parte de las organizaciones y personas afectadas por los cambios que se producen. Podría afirmarse que es la misma complejidad creciente del sistema social y los riesgos a que nos ha conducido nuestro modelo de organización y producción los que provocan y exigen una mayor participación consciente de la población. En este sentido, es la reflexividad de la sociedad -destacada por algunos prestigiosos sociólogos como característica propia de las sociedades complejas de nuestro tiempo- y la supervivencia del planeta, lo que impulsa la reflexión y la acción de un número creciente de personas y organizaciones. El sistema político y económico en el que hemos vivido y actualmente vivimos, genera ciertas necesidades de adaptación a un estilo de vida preestablecido, al que estamos sometidos cotidianamente. El resultado de ese proceso es, sin embargo, la pérdida de valores, en el sentido amplio de la palabra. A su vez, dichos modelos generan expectativas de vida que al final no son satisfechas, creando frustración y auto-subestimación respecto de las personas de países desarrollados. Todo ello se debe en gran parte a la penosa experiencia histórica de los países latinoamericanos, quienes hemos venido arrastrando las herencias de la estructura colonial que los españoles establecieron durante la época de la “conquista”, convirtiéndose en la lógica predominante durante los últimos cinco siglos de nuestra historia.

A través de JATHA-MUHU pretendemos generar algunos enfoques alternativos para el análisis de la problemática del desarrollo desde el Sur Andino y experimentar algunos modelos de desarrollo local y regional, basados en la racionalidad organizativa, productiva, y, en suma, en las estrategias de reproducción social de las culturas Quechua y Aymara. Innovando dichas estrategias de acuerdo a los cambios que vienen experimentando las diversas sociedades en sus diferentes niveles, creemos que en un contexto de globalización, donde la soberanía de los Estados-nacionales se han visto afectadas, es posible la construcción de un modelo de desarrollo local que tenga como principio fundamental la participación de los propios actores sociales. Donde la sociedad civil local y los gobiernos locales tengan el rol de articular los actores protagónicos del desarrollo en su ámbito. De esta manera, en el mediano y largo plazo, será posible la construcción de la ciudadanía desde los espacios locales y regionales, respondiendo a los lineamientos generales del Estado; con lo que, además, se podrá articular y consolidar la comunidad política nacional.

 
 
 
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