Con ocasión del lamentable incidente de las galerías Nicolini, nos hemos enterado de que, luego de un juicio de más de 10 años, el Poder Judicial ordenó que los familiares de los fallecidos en el incendio de Mesa Redonda en el 2001 reciban una compensación de solo S/700 (soles, no dólares) por los daños y perjuicios generados por la muerte de su familiar. “Cholo barato”, diría alguno.

Si ese es el costo que tienen que pagar quienes desarrollan actividades riesgosas por los accidentes que causan, nadie va a invertir en prevenir accidentes. Sale más barato ser condenado a pagar una compensación luego de años que invertir hoy en evitar el problema. Además, con lo largo y costoso que les puede resultar el juicio a las víctimas, de pronto ni siquiera formulan una demanda, con lo que quien causa un accidente podría quedar libre de pagar suma alguna.

Si causas un daño a otro, quedas obligado a indemnizarlo. Es una regla simple, como simple es el mensaje detrás de la regla: si quieres evitarte un problema, mejor invierte en evitar los accidentes que puedes generar. No hay control ni permisos previos. No hay regulaciones que establezcan cómo hacer las cosas o que te sirvan para liberarte de responsabilidad en caso de que el accidente ocurra. Si causas un daño, pagas.

Esta regla debiera ser suficiente para disciplinar a los dueños de los cines, discotecas, centros o galerías comerciales. Esta regla debiera haber sido suficiente para evitar que se produzcan casos como el de Larcomar, Marbella o el de las galerías Nicolini, donde la suma de negligencias generó accidentes fatales. Lamentablemente, procesos judiciales largos, costosos y de resultados impredecibles han ocasionado que esta regla sea letra muerta. El juicio es una contingencia que se puede “patear” por años y cuyo resultado no intimida a nadie.

Luego de los últimos accidentes, la atención debiera estar centrada en ver la forma de hacer que las reglas de responsabilidad civil en manos del Poder Judicial funcionen. Lamentablemente, se prefiere mirar para otro lado.

Volvemos a poner la atención en las revisiones técnicas previas por las municipalidades o Indeci. Estos controles, en el mejor de los casos, solo sirven para garantizar que el local tenga todo en orden el día de la inspección. Luego del sello de aprobado, todo vuelve a la “normalidad”. Además, perdemos de vista que este tipo de controles tienen una cobertura limitada: no sirven para evitar accidentes como el de Marbella, donde fallecieron cuatro soldados al aire libre.

Hay que meterle diente a la reforma del Poder Judicial. Ver la forma de hacer que los procesos judiciales duren menos, que las víctimas reciban rápidamente una compensación mínima que les permita enfrentar los costos inmediatos del daño recibido (costos de sepelio), y que las compensaciones ordenadas por las cortes respondan a parámetros mínimos predeterminados y uniformes (no variables dependiendo del juez que toque). Establecer seguros obligatorios de responsabilidad civil tipo SOAT para actividades de alto riesgo y mecanismos para dar publicidad a los montos de las compensaciones ordenadas a pagar por las cortes en casos de accidentes también podrían ayudar. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

POR: Alejandro Falla, socio de Bullard, Falla y Escurra

FUENTE: El Comercio (12/07/2017)

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