La mayoría de los niños nacidos de curas católicos supuestamente célibes no suelen ser reconocidos.

Algunos han sido forzados a firmar acuerdos de confidencialidad, otros descubrieron en la edad adulta que sus madres se quedaron embarazadas como resultado de agresiones sexuales.

Sarah Thomas es una de esas hijas nunca reconocidas y le contó su caso al programa de radio “Heart and Soul” (Corazón y Alma) del BBC World Service.

“Cuando tenía 12 años descubrí que mi padre era sacerdote, porque antes me habían dicho que era profesor”, explica Sarah.

“Pero siendo bastante inquisitiva y curiosa, siempre sentí que algo no estaba bien, que había información que no me estaban dando. Mi madre tenía mucho miedo, le habían hecho tener mucho miedo de revelar la identidad de mi padre”.

Pero un día su madre encontró la confianza necesaria para sincerarse con Sarah y le contó su historia.

Sus padres se habían conocido en los 70, cuando ambos eran estudiantes en la Universidad de Londres. Su madre estudiaba Teología, mientras que él estaba formándose para ser sacerdote.

“Cuando se enteró de que ella estaba embarazada, se enfadó mucho. Rompió la relación ese mismo día y nunca volvió a hablar con ella a solas”, dice Sarah.

“Luego acudió a una especie de intermediario de los sacerdotes, a un cura experimentado que era también su mentor, y este decidió que era posible que mi padre se hiciera cura mientras mi madre y el bebé fueran cómplices en este plan de secretismo”.

Su padre se ordenó sacerdote cuando Sarah tenía más o menos un mes de vida.

Confidencialidad

Cuando creció, ella estaba convencida de querer conocer a su padre, pero cuando por fin lo hizo no fue como se lo había imaginado.

“En mi ingenuidad”, dice Sarah, imaginaba “personas corriendo para encontrarse, luego llorando y siendo amigos para siempre”.

Pero no fue así. “Él estaba muy distante y frío y creo que había decidido con antelación cuál iba a ser el resultado del encuentro”.

Su padre fue haciendo contribuciones económicas a lo largo del tiempo que a ella le han sido muy útiles.

Pero“a menudo llegaban acompañadas de cartas reforzando el secretismo y el silencio”.

“Si alguna vez hablas de esto o lo identificas como el padre, entonces dejará de llegar dinero’, este tipo de cosas”, dice Sarah, “que a partir de entonces me he enterado que concuerdan con los acuerdos de confidencialidad que otras madres han tenido que firmar, en los que la Iglesia acuerda darles dinero mientras no hablen y el niño no conozca la identidad del padre”.

“Siendo justa, mi padre siente que ha hecho todo lo que puede, lo que está en su poder, para ser padre. Pero creo que las normas para los curas son confusas, y cómo los enseñan a tratar a sus hijos es muy confuso, y no hay forma de que se pueda reconciliar ser un sacerdote célibe con tener un hijo, no funciona simplemente”.

Ahora, Sarah y su padre se mandan cartas de vez en cuando y él le envía dinero cuando son los cumpleaños de los hijos de ella.

“Pero cuando alguien ha puesto consistentemente sus necesidades por delante de las necesidades de su hijo, no parece un ambiente seguro para confiar en esa persona, porque siempre te estás preguntando si te van a volver a hacer daño”.

FUENTE: BBC (08/11/2017).

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