Una persona con sobrepeso, según algunos especialistas, tiene el hábito de consumir alimentos con más calorías de lo que necesita su cuerpo y realiza escasa actividad física. Este hábito puede llevar a la persona a ser propenso a adquirir enfermedades de alto riesgo como las cardiovasculares, diabetes y otras. Además, tipo de personas influye con su mal hábito a su entorno social especialmente a sus hijos/as.

Una sociedad también se caracteriza por sus hábitos sean estos buenos o malos. Por ejemplo, se dice que los argentinos tienden a ser más carnívoros, los mexicanos propenden a mayor grado a comer platos con salsas y picantes, o que los peruanos tienden a consumir más pollo que otras carnes. En similar modo, podemos referir que el hábito hace que el modo de vida de la sociedad católica sea sistemáticamente distinto al de la sociedad protestante. Ya que, el hábito se construye en el proceso histórico de cada sociedad.

El hábito, según Bourdieu (1997), al ser adquirido en el proceso histórico tiende a determinar en forma permanente la actitud y el modo de actuar de una persona o de una sociedad; es decir, el hábito hace que los individuos tiendan a reproducir el modo de vida de una sociedad pero de manera inconsciente. Entonces, el hábito es tan poderoso que se arraiga en la persona o en una sociedad que no es fácil demolerlo.

Solamente a partir del esquema del hábito, por ejemplo, se puede distinguir entre lo bonito y lo feo, o las señales de tránsito. El hábito hace que las personas de una sociedad sean más honradas que las personas de otra sociedad.  El hábito hace que las personas sean más responsables en una sociedad que en otra. O el hábito hace que en una sociedad se siga manteniendo determinados ritos religiosos. Estas acciones siempre se inclinan a realizarse de manera inconsciente o automática.

La investigadora Ann Graybiel, entretanto, afirma “que el cerebro no diferencia entre los buenos y los malos hábitos” (La Vanguardia, 12/10/2012). Según vox populi, en el caso que el hábito sea malo, “las personas tropiezan con las mismas piedras o errores tantas veces”. Además, podemos afirmar el hábito malo simplemente no obedece a la razón. Ya que de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, la razón es el “argumento o demostración que se aduce (presenta) en apoyo de algo”. Entonces, el hábito al no obedecer a la razón se guía por el impulso.  

En ese sentido, algunos estudios refieren que la gran mayoría de personas desean cambiar algún hábito malo y sólo muy pocos logran conseguir cambiar. ¿Qué les impide a las personas a cambiar pese a sus deseos?

POR: Bartolomé Mamani Humpiri