Desgraciadamente  el racismo irracional sigue institucionalizado en el Perú, pese a que la asamblea de las Naciones Unidas estipuló que la “superioridad racial es científicamente falsa, moralmente condenable…”, así se determinó a mediados del siglo XX.

En el Censo Nacional 2017 en el Perú, sin embargo, en la pregunta 25 se plantea una mezcolanza de categorías culturales y “raciales”. Al respecto, el antropólogo Carlos Eduardo Aramburú refiere que “se está mezclando contenido racial (blanco, por ejemplo) con contenido cultural. Un awajun puede ser tan mestizo como todos. Hemos mezclado categorías superdetalladas” (El Comercio, 22/10/2017).

El propio Presidente de la República del Perú, Pedro Pablo Kuczynsky, se definió como de la raza “blanca” (La República, 22/10/2017), siendo él de ascendencia judía. El pueblo judío ha sufrido múltiples discriminaciones y genocidios por los que dicen ser de la “raza blanca (pura)” como los nazis.  El más reciente fue en la Alemania nazi, donde Adolfo Hitler aplicó su plan de genocidio para depurar la “raza germana” (blanca o pura) desapareciendo a los judíos.  

“¿Deben definirse las razas por la altura, el peso, la forma corporal, los rasgos faciales, los dientes, la forma craneal o el color de la piel?”, afirma el antropólogo Conrad Phillip Kottak en su libro “Antropología Cultural”. Además, Kottak refiere acerca de “la falsedad de tres grandes razas: blancos, negros y amarillos”, a esta categorización lo llama “simplista” que se utiliza como mecanismo de poder. Ya que para este antropólogo “las personas “blancas” son rosadas, beige o morenas que blancas”.

Lamento decir que el racismo cruel es parte de la cultura latinoamericana (semi-occidental). Según los intelectuales Jorge Gissi, Elena Zubieta y Darío Páez, la cultura latinoamericana presenta “una fuerte correlación raza-clase”; es decir, el “racismo y clasismo se refuerzan en instituciones y aspectos de la estructura social. El color de la piel deviene en símbolo de status y la autoimagen es mejor cuanto más blanco se es”.

POR: Bartolomé Mamani Humpiri

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