El ambiente de camaradería reinaba entre los comensales del comedor popular en Ginebra – Suiza, los latinoamericanos se agruparon entre ellos y resto también estaba acomodado según cercanía cultural que les permitió una conversación fluida. Al final, todos quedamos satisfechos, algunos voluntarios recogieron los platos y el restos cosas sobre las mesas.

Luego, la pareja de Guatemala me llevó a conocer otros comedores populares. Un poco más allá de uno de los comedores estaba una casa de acogida para las personas inmigrantes que llegaban a Ginebra; según el guatemalteco, en dicho alojamiento se alberga a personas recién llegadas en forma gratuita por un tiempo determinado hasta que puedan conseguir alguna ocupación remunerada.

En el recorrido por las diferentes arterias de la ciudad, además, pude observar la limpieza sobre todo el cuidado del medio ambiente. Por ejemplo, en las riberas del río que cruza la ciudad no hay basura, plásticos o botellas de plástico botados. El lago Lemán está rodeado por las viviendas y edificios públicos y comerciales pero su agua es transparente, donde los bañistas no desaprovechan de nadar hasta en el intenso frío invernal (dos grados centígrados bajo cero).

Las buenas costumbres en los países desarrollados europeos como el de Suiza, según Max Weber, son productos de la implantación de los valores cristianos protestantes en los mismos en la Edad Media.

En el caso de Ginebra – Suiza, la Catedral de San Pedro, entonces, fue convertida en el centro de las actividades de adoctrinamiento de predicadores o pastores protestantes provenientes de toda Europa en la Edad Media.  Cuando ingresé a aquel lugar me evocó un instante, la imagen y la voz enérgica de Juan Calvino; según la historia, quien (Calvino) en esta Catedral pronunciaba discursos decididos hasta heroicos que impactaban en sus seguidores para hacerles cambiar radicalmente en sus personalidades y fueron convertidos en valientes líderes predicadores en toda Europa.

En el paso del tiempo, los países de Europa con tradición protestante empiezan paulatinamente mejorar el desarrollo social y económico de forma sostenible. En la actualidad, estos países son los más ricos del mundo, pero se les cuestiona a estos porque sus grandes empresas industriales que trabajan en diferentes partes del mundo impactan negativamente en el medio ambiente.  

La práctica religiosa protestante, entretanto, se ha secularizado (profanado) en Suiza y en otros países con antecedente protestante a medida que crecía el desarrollo del capitalismo moderno (Arroyo, 2008). La mayor evidencia es que, en la actualidad, la Catedral de San Pedro de Ginebra (el mayor cuna del protestantismo) simplemente es un monumento turístico; es decir, donde ya no se realizan actividades religiosas.

Los turistas que visitan a la ciudad de la paz “obligatoriamente” tienen ingresar a las amplias instalaciones del interior de la Catedral ya que está situado en el casco antiguo de Ginebra, donde las imágenes religiosas católicas no caben. Ya que los seguidores de Juan Calvino despojaron de estatuas, pinturas y altares de la Iglesia Católica para deshacerse del culto a las imágenes y lo convirtieron el interior del Recinto en un templo religioso sobrio y sencillo para estudiar la palabra de Dios en la Edad Media.

Entonces, ¿por qué todavía se mantienen algunos valores morales cristianos implantados por los protestantes en Suiza sobretodo en Ginebra?

La respuesta nos lo da el investigador social francés, Pierre Bourdieu (1997), quien afirma que el hábito hace que los comportamientos aprendidos se encarnan de manera durable en los humanos en forma de sistemas de disposiciones permanentes…

POR: Bartolomé Mamani Humpiri