Una tarde llegué al Aeropuerto de Bruselas, mucho antes de que unos desquiciados hayan perpetrado la matanza cruel el pasado mes de marzo del 2016; aunque mi destino era Holanda, durante el tiempo de mi permanencia en Bruselas capital de Bélgica pude disfrutar de un “aire de tranquilidad” en un ambiente cosmopolita.

Desde Bruselas (Bélgica) hasta Maastricht (Holanda), un funcionario de la entidad de desarrollo me transportó en su vehículo. El funcionario en el camino me iba contando la similitud efusiva entre las poblaciones de Bélgica con las de la zona sur de Holanda (influencia de la religión católica), y catalogaba a las poblaciones de la zona norte de Holanda como más serias (influencia de la religión protestante).

Después de algún tiempo de viaje me señaló la frontera entre Bélgica y Holanda, luego pasamos libremente sin que alguna autoridad nos controlara, porque en la actualidad esta zona es desolada. El funcionario me hizo  recordar que antes de la conformación de la Unión Europea había oficinas gubernamentales como la de aduana para el control de paso de mercadería y de personas.

Ya en Maastricht (Holanda),  pese a las diferencias idiomáticas y culturales, tuve un cálido recibimiento por parte de su personal de la entidad de desarrollo.

Durante mi permanencia en la menciona entidad de desarrollo tuve una atención de excelencia. Cada cierto tiempo se acercaba un personal a la oficina donde estaba instalado me preguntaba sobre alguna necesidad: ¿quieres una taza de café?, ¿requieres  alguna cosa?, etc. Además, me alojaron en un departamento muy cómodo propio de la entidad de desarrollo.

La atención de excelencia no es característica de algunas personas que trabajan en dicha entidad, sino del conjunto del personal. Por ejemplo, el jefe máximo de la entidad no solamente se dio el tiempo necesario para atender mis requerimientos, sino que también conversó conmigo extensamente porque dominaba el español.

 Después de esta pasantía, me dirigí a la ciudad de La Haya. Allí me esperaba el profesor del Instituto Internacional de Estudios Sociales de la Haya de nacionalidad boliviana. La actitud o conducta del profesor se parecía más a la holandesa que a la latina o la boliviana.

En poco tiempo que permanecí en los Países Bajos pude observar valores como el orden, respeto, responsabilidad, amabilidad… En este ambiente cultural, pareciera que los holandeses armonizaran con la naturaleza como se puede observar en el panorama de Ámsterdam. No por nada Holanda es considerada como la “florería del mundo”, porque producen flores hasta en intenso frío invernal.

POR: Bartolomé Mamani Humpiri