“Una imagen vale más que mil palabras”, una frase que ilustra el poder de cualquier imagen, especialmente las imágenes religiosas coloniales. En ese sentido, al son de la música y danzas, los niños/as idealizan el poder de los “santos patrones de raza blanca”.

Las festividades patronales en los andes fueron implantadas por el poder colonial con diferentes fines. Robins (2009) describe la realización de las fiestas patronales en las zonas de estudio desde 1750 al 1780, donde los sacerdotes todopoderosos no solamente les obligaban a los andinos a participar en estas festividades, sino también a sufragar los costes de las mismas. Por tanto, estas fiestas se convirtieron en un medio de dominio a las poblaciones originarias y un negociado para la clase clerical católica.

En pleno Siglo XXI, en las zonas donde desarrolló esta investigación, se realizan una serie de festividades católicas, pero las más importantes son las fiestas patronales. En estos territorios no han dejado de ser ostentosas como en la época colonial. Sin embargo, a diferencia de esta época, en la actualidad no existe una clase clerical para obligarles a realizar estas festividades. Los pobladores lo hacen por su propia voluntad, creyendo que estos santos/as son patrones/as de los centros poblados (‘muros protectores’).

En estos centros poblados estas y otras festividades similares son de masiva concurrencia quedando de lado las diferencias económicas, religiosas, educacionales, políticas y de edad. Además, estas festividades son muy esperadas y se preparan con meses de anticipación, porque son ocasiones de alegría y jolgorio comunal, donde se estrena la ropa, especialmente por las mujeres. Se crea un ambiente con bandas musicales, danzas, ritos religiosos, bebidas alcohólicas que “calientan” el ambiente y la comida para saciar el hambre por el desgaste físico. Este panorama festivo donde resuena el ambiente comunal, es irresistible para cualquier persona de creencia religiosa opuesta a la católica, especialmente para los niños/as con ‘instintos’ de explorar nuevas escenas comunales.

En consecuencia, existe una mayor predisposición de los jóvenes informantes de haber participado en las festividades católicas durante su niñez, con algunas diferencias entre los dos credos religiosos. Los católicos tienen mayor inclinación a participar en los diferentes actos de las festividades: “Se celebra el 24 de junio, se celebra en honor a San Juan Apóstol, he participado escuchando la misa, otros prenden sus velitas, leen la vela, ven si se apaga, ven si les va ir bien” (Flavin, católico). Mientras tanto, los adventistas afirman que les gustaban las danzas y no los ritos a los santos, pero en la curiosidad infantil han observado los detalles de las diferentes escenas festivas.

Las fiestas religiosas católicas son irresistibles para los niños, cualquiera sea su credo religioso. Por un lado, los jóvenes católicos durante su niñez han sido actores directos en los diferentes momentos de las festividades. En la víspera de una fiesta religiosa los feligreses realizan una serie de ritos en los templos (rezos, ofrendas florales, velas).

Los niños, por ejemplo, junto a sus padres presagiaban en las velas buenos o malos augurios para la familia. Además, curioseaban los rituales de otros devotos, las sensaciones que les causaban los presagios de las velas prendidas como zozobra, felicidad y tristeza. También los jóvenes tienen recuerdos vivos de los días festivos durante su niñez: detonación de explosivos y cohetes en las albas, las exhortaciones de los sacerdotes en las misas, las procesiones de los santos/as con la acostumbrada resonancia musical, la presentación de conjuntos de danzas, libaciones de una variedad de licores por parte de los feligreses, conflictos, entre otros.

Por otro lado, los jóvenes adventistas participantes de las fiestas católicas durante su niñez, han sido espectadores fervientes de la exhibición de los conjuntos de “trajes de luces” y sus respectivas bandas como la llamerada, morenada, kullahuada y tinkus. No obstante, existe el caso de una joven cuyo padre le reiteraba en su niñez no creer en santos, ni bailar en honor de estos; pero ella recuerda también que ese mismo padre, por alguna razón, le llevaba a la fiesta en honor al “santo patrón”.

Si bien es cierto que los adventistas dicen no haber participado en los ritos a las ‘divinidades’ durante su niñez, su curiosidad infantil les permitió percibir las diferentes escenas festivas como y sus rituales. Veamos la experiencia de una joven que observaba las plegarias de los feligreses frente a las imágenes: “dicen perdóname a ese santo, él los perdona” (Glory. adventista). Aunque esta joven en su niñez era consciente que una imagen religiosa católica estaba hecha de ‘yeso’, decía también que el santo perdonaba pecados, o sea, tiene una concepción ambigua de las imágenes divinas.

En general, estas festividades para los niños han sido ocasiones para disfrutar de una variedad de productos comestibles como los helados, bizcochos, dulces y otros. En estos espacios los infantes llegaron a su máximo engreimiento y los padres fueron complacientes para no malograr la fiesta: “fiestas patronales me compraba frutas” (Ester); “más me gustaba comprar los helados, galletas, así, cuando era chiquita” (Melani).

Los jóvenes durante su niñez han disfrutado de las festividades religiosas católicas y han sido testigos presenciales del derroche de dinero a pesar de la pobreza. Según Weber (2007) los protestantes de la Edad Media combatieron con “furia” ciertos festivales populares para preservar la conducta santa.

Además, los adventistas (mayores y niños) son conscientes de las exhortaciones de las Santas Escrituras y no participan de ninguno de los actos en honor a las imágenes consideras divinas (idolatría) (1Corintios 10:6-8). Pero la tendencia de los jóvenes adventistas durante su niñez está en la participación, junto a sus padres, como espectadores de las exhibiciones de danzas, por tanto, han contravenido a los mandatos de su propia Iglesia y de las Santas Escrituras. Esta tendencia nos ayuda a entender el proceso de secularización de la religión adventistas en la cultura religiosa predominante de las zonas de estudio.

Mientras tanto, los jóvenes católicos en su niñez, generalmente se han involucrado en las diferentes escenas festivas. Esta actuación nos ayuda a comprender el modo de reproducción de la herencia de prácticas religiosas coloniales en los niños, en un ambiente de exaltación emocional con la frase epicúrea popular: “comamos y bebamos que mañana moriremos”.

POR: Bartolomé Mamani Humpiri

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