La fiesta de la Navidad es un medio para hacer perdurar la tradición religiosa colonial, donde los niños/as son “moldeados” en el esquema de la cultura religiosa colonial o en el materialismo puro colonial.

En el Imperio Romano, por ejemplo, se acostumbraba ofrecer al pueblo “pan y circo” para mantenerlo en estado de sosiego. En similar modo, en la Navidad se repite la costumbre la cultura religiosa colonial romana, donde se acostumbre ofrecer espectáculos y comidas (panetones, pavos, chocolatada, etc.) o una serie de regalos.

En ese sentido, existe una mayor tendencia de los jóvenes del mundo andino de recordar que en la niñez consumían leche con chocolate, acompañado de bizcocho o panetón, con motivo de la Navidad. Como se ve, esta fecha no pasa desapercibida para las familias andinas, especialmente para los niños, que la consideran mágica y la esperan con ansias. Entonces, tomar leche con chocolate, acompañado de panetón o bizcocho, se convierte en una delicia única para los niños. A esto se suma que instituciones como la Municipalidad Provincial de Moho se conviertan también en promotoras de esta festividad, organizando “chocolatadas” y regalando juguetes a los niños.

Se pudo comprobar también algunas diferencias entre las familias adventistas y católicas, en lo concerniente a la celebración de la Navidad. En un sector de las familias adventistas, en la noche de la Navidad, sus miembros se reúnen para compartir la “chocolatada”, mientras que otros sectores, esa misma noche, reciben visitas de parientes cercanos (hermanos/as, tíos) que radican en las ciudades. Este comportamiento contribuye en la aproximación familiar.

En cambio, el comportamiento de las familias católicas, en esta fecha festiva, no tiene la misma tendencia; ellos no siempre tienen la costumbre de reunirse. Las causas pueden ser: la pobreza económica, la escasa familiaridad entre sus miembros, la escasa interacción con sus parientes católicos, que viven en las ciudades, etcétera. Pero los niños, sean católicos o adventistas, no desaprovechan los regalos y las “chocolatadas” ofrecidas por las instituciones públicas y privadas.

Después de las “chocolatadas”, son los regalos el otro componente importante en la festividad navideña de los niños andinos, especialmente el de los juguetes. De hecho, un sector importante de jóvenes refieren que, durante su niñez, han recibido juguetes: “nos regalaban juguetes, venían los regidores y nos regalaban juguetes; como muñecas, para las mujercitas, y carros para los varones. Cuando ya llegaba la Navidad, nos poníamos muy felices porque ya sabíamos que íbamos a recibir algunas cositas, regalos” (Margot, católica).

Generalmente, a los niños se les regala carritos, pelotas, entre otros; mientras que a las niñas, muñecas y ropa. Todo siempre de acuerdo a su edad. Los regalos provienen de familiares cercanos (hermanos y tíos) que radican en las ciudades, así como de los mismos padres y de las Municipalidades.

Así, esta festividad, para los niños andinos, tiene un halo de magia, con cierto matiz de alegría, para los adventistas, y no tanto para los católicos. Por consiguiente, los niños adventistas grafican mejor sus experiencias emotivas a partir del juego: “la Navidad es alegría” (Duke); “para los niños es muy esperado la Navidad” (Caleb); “yo, en mi niñez, lo sé pasar jugando” (Henry); “yo, en Navidad, solo jugaba” (Brinsthon).

Los niños católicos también tienen recuerdos emotivos, aunque no aluden al juego como medio de disfrute: “Nosotros, como éramos niños, estábamos alegres porque nos iban a regalar” (Carbin); “pasaba feliz, (porque) me lo compraban regalos” (Karla); “cuando llegaba la Navidad nos poníamos muy felices” (Margot). No obstante, es preciso indicar que la pobreza de las familias andinas, así como la exclusión que viven, hace que los regalos (cualesquiera que sean estos) causen emociones apasionadas en los niños, probablemente más que a sus pares citadinos, porque estos últimos siempre tienen oportunidades para obtenerlos.

Los jóvenes, durante su niñez, tienen recuerdos de las expectativas y esperas, felicidades y juegos, que los han marcado en su inconsciente, en la navidad. Esto, como en los anteriores casos, es más pronunciado en los adventistas que en los católicos. Sin embargo, los jóvenes que durante la niñez adquirieron la costumbre de esperar regalos de las instituciones públicas o privadas, durante su vida adulta tienden a ‘esperar y pedir’ cosas a entidades y personas extrañas, ignorando que ellos mismos -en forma cohesionada- pueden emprender la solución de sus problemas colectivos, o la satisfacción de sus necesidades más inmediatas (Araya, 2002).

 

POR: Bartolomé Mamani Humpiri